Rainiero y Grace Kelly, los protagonistas de ‘la boda del siglo’. Revivimos su historia

Grece Kelly y Rainiero
© El Periódico

Termina la primera mitad del siglo XX  y el melancólico Rainiero III, soberano del segundo país más pequeño del mundo sabe que si no contrae matrimonio y no logra descendencia, Mónaco, perderá su independencia y pasará a ser protectorado francés. Por otro lado, la economía del principado se encontraba al borde de la bancarrota, pues la Segunda Guerra Mundial había debilitado su principal fuente de riqueza: los casinos.

Aconsejado por su socio en los negocios, Aristóteles Onassis le propone como candidata a una  célebre e insólitamente fugaz actriz americana. Hija de una acaudalada familia de Filadelfia, de belleza tan serena y elegante como agitado pasado sentimental (y musa de Hitchcock), cuya dote de dos millones de dólares, iban a convertir a Mónaco no solo en un enclave estratégico, sino en un acaudalado país turístico para millonarios y famosos. Esa boda haría renacer la vida económica y social de su pequeño principado. 

Rainiero y Grace Kelly, una historia de amor con un inicio incierto

La octava edición del Festival de Cine de Cannes fue la ocasión oportuna para conocerse. Grace  Kelly asistiría tras el éxito de su interpretación en ‘The Country Girl’, por la que ganó un Oscar. De camino, en tren, recibió la estudiada invitación y, tras ser aprobado el encuentro por el estudio que patrocinaba la visita de la actriz a Cannes, MGM, Rainiero la llevó a pasear por su zoológico privado y las glamorosas salas reales.  

Siete meses después de esa primera cita, en Navidad de 1955, Rainiero viajó Filadelfia para pedir la mano de Grace. El 5 de enero de 1956 se hizo público el compromiso, asombrando a toda la sociedad. Después, Rainiero y Grace viajaron a Nueva York, donde celebraron  una fastuosa fiesta de compromiso en el icónico Waldorf Astoria.

Los preámbulos resultaron menos novelescos: Tras comprobarse la fertilidad de Grace Kelly, su padre, John Kelly, compensó a la economía monegasca, convirtiendo así a su hija en princesa.

El 4 de abril, en el trasatlántico Constitution, Grace dejaba atrás las pantallas para representar otro papel: el de radiante esposa de un soberano que llevaría a la casa Grimaldi a una de sus épocas más doradas.

El 19 de abril de 1956, el Principado fue plató del más icónico cuento de hadas del siglo XX, la boda en la Catedral de San Nicolás, en Mónaco, ante 600 invitados, donde Grace Kelly se convertía en Su Alteza Serenísima, la más glamorosa de las coronas europeas. Aunque  no contó con el respaldo de las Casas Reales, la asistencia de los rostros más sonados del panorama de hollywoodisense difuminó el “plantón real”. 

Al finalizar la ceremonia, la novia acudió ante la Iglesia de Santa Devota a depositar su ramo. Minutos antes habían soltado multitud de palomas hacia el cielo y la pareja recorrió en un Rolls Royce descapotable las calles de Montecarlo. 

Las escenas de la película de la nueva princesa fueron vistas en todos los canales de televisión europeos. Una boda a la que asistieron más de un millar de periodistas acreditados y fotógrafos de todo el mundo y que fue retransmitida por televisión a más de 30 millones de espectadores. Había sido bautizada como ‘la boda del siglo’.

La sugerencia del socio de Rainiero en los negocios del Principado, Aristóteles Onassis, de crear una boda hollywoodiense -“necesitas un gancho para atraer turismo de lujo a Mónaco”- se hizo realidad. La película la protagonizaron Rainiero III, un soberano de 32 años empeñado en convertir su minúsculo reino en emporio del glamour, y la actriz de moda, Grace Kelly, famosa por filmes como MogamboSolo ante el peligro o Crimen Perfecto, que, con 26 años, tenía en su vitrina un Oscar y dos Globos de Oro. Una actriz que en lo mejor de su carrera, dejó atrás las cámaras y las cambió por la corona. Los motivos, se desconocen; pero el placer de volver a disfrutar con estas imágenes, ese, no nos lo quita nadie.

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