La historia de Carlos y Camilla, el aniversario de un amor prohibido

Carlos y Camilla

El 9 de abril de 2005 el príncipe Carlos y Camilla se daban el sí quiero, el final de una era, un nuevo comienzo lleno de esperanza e ilusión


Carlos y Camilla eligieron inicialmente el viernes 8 de abril como el día de la ceremonia, pero a pocas horas de la celebración de la boda se les presentó otro obstáculo del destino. El príncipe Carlos tenía que asistir al funeral del Papa Juan Pablo II en nombre de la Reina, con lo que el  palacio tuvo que posponer la boda 24 horas.

Entre otros muchos cambios, obligó a los fabricantes de souvenirs a modificar el día en los detalles conmemorativos producidos para la ocasión.

Debido a que ambos estaban divorciados, Carlos y Camilla Rosemary Shand —su apellido de soltera— eligieron tener una modesta ceremonia en el Ayuntamiento de la localidad Windsor Guildhall, donde numerosas personas que siguieron la ceremonia desde la calle, portaban el rostro de Lady Di como signo de protesta contra el enlace. 

Seguidamente se trasladaron al Castillo de Windsor donde siguió una misa sencilla oficiada en la Capilla de San Jorge, eso sí, sin la presencia de la Reina y el duque de Edimburgo. La ceremonia duró unos escasos veinte minutos, durante los cuales expresaron sus votos e intercambiaron sus anillos ante el Arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, y un ágape posterior en el castillo de Windsor.

Para la ceremonia, Camilla eligió un vestido blanco roto de Robinson Valentine con un abrigo a juego en hilo de seda, como complemento, una cartera de mano y una pamela. Para la misa lució el icónico vestido largo azul con bordados en oro, también de Robinson Valentine y un espectacular tocado dorado de Philip Treacy. Por su parte, el príncipe de Gales, un chaqué clásico que no cambió.

La historia de Carlos y Camilla

En realidad, lo que se celebró aquel día, hace hoy 16 años fue la unión de un amor prohibido, un romance intermitente y oculto que se mantuvo a la sombra casi 30 años. Finalmente, la oficialidad del romance, trasciende como la proclamación de la evolución de una Familia Real que siempre mantuvo una imagen de férrea tradición, con la Reina Isabel como principal baluarte.

Todo comenzó con una frase “¿Sabía que mi bisabuela fue amante de su tatarabuelo?”, y, en realidad, fue verdad. El Rey Eduardo VII, tatarabuelo del príncipe Carlos, fue  amante de Alice Keppel, la bisabuela de Camilla. Ese fue el descarado comienzo de todo.

En esa época, los años 70, Camilla y Carlos se convirtieron en amantes y, además, buenos amigos. Compartían aficiones y un modo similar de ver el mundo. Tenían amigos en común, iban a fiestas, jugaban al polo, montaban a caballo…

El único problema era que Camilla no era considerada una candidata para el trono. En ese momento, se le conocía un amante intermitente, un joven llamado Andrew Parker Bowles que, en el futuro, se convertiría en su marido.

Ante la evidencia del affaire, Familia Real presiona a Carlos para que deje a Camilla y, en el 73, el Príncipe se embarca en la Royal Navy para pasar 8 meses en el Caribe. Camilla toma las riendas de su vida y en julio de ese mismo año se casa con Parker Bowles. Carlos, cuando se entera, se queda destrozado.

A su vuelta, comienza a verse con innumerables mujeres, las jóvenes “casaderas” del reino, que podían encajar en los parámetros de gustos de su madre, la Reina. Entre el gran círculo de mujeres que lo rodeaba, se veía con la joven Lady Sarah Spencer, que tenía entonces una jovencísima hermana llamada Diana.

Esa joven, que lo buscó con su inocencia descarada en más de una ocasión, llamó la atención del joven príncipe que debía terminar sus años de locura juvenil y casarse. Así pues, en 1981 el Príncipe Carlos anuncia su compromiso con una joven de 19 años llamada Diana Spencer.

Desde el primer momento, Diana se ganó el beneplácito de la opinión pública. Era hermosa, joven, risueña y con un halo de inocencia y picardía que se convertía en atrayente en un solo golpe de vista.

Al poco tiempo se casaron, pero la figura de Camilla nunca había desaparecido. De hecho, en la biografía oficial de Carlos, se cuenta que en el 86, Camilla y él volvieron a ser amantes, en palabras de Diana: “Ella siempre estuvo presente en mi matrimonio. Éramos tres”.

Después de muchos años de sufrimiento, poco a poco esta situación se fue haciendo cada vez más evidente para el público, especialmente porque eran años dorados para las revistas del corazón y su rutina diaria era de conocimiento público. Carlos y Camilla se veían a menudo y Diana también comenzó a ver a otros hombres. A mediados de los años 90, su separación era más que evidente.

Y entonces, la tragedia. En agosto de 1997 Diana muere en un accidente de coche en París. La noticia se cuela en todos los informativos, periódicos y conversaciones del mundo. Era una noticia triste, pero de algún modo, Carlos y Camilla eran por fin libres (Camilla se había separado de su marido de manera oficial dos años antes, en 1995).

Eso sí, la figura de la princesa de Gales, elevada a los altares, se convertiría en personaje de culto para el resto de los tiempos, y su sombra seguiría persistente en la historia de la Familia Real Británica.

Dos años después de la muerte de Diana, Carlos y Camilla aparecieron juntos en un acto público por primera vez, y la respuesta por parte de la prensa, fue positiva. Hicieron una vida juntos desde entonces y, a día de hoy, forman parte de la Familia Real a todos los efectos. El mundo ha cambiado y, al final, a pesar del dolor, el amor triunfó.

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