Carolina de Mónaco y Philippe Junot, la historia de un amor caprichoso (que engancha desde el minuto uno)

Carolina de Mónaco y Philippe Junot, un capricho de princesa y una boda llena de amor y glamour.

Carolina de Mónaco, la joven princesa de mónaco, hija de Rainiero y la bella Grace Kelly y hermana del príncipe Alberto de Móncaco que, cansada de soportar la rigidez de la vida en Palacio, al cumplir 18 decide ir a estudiar la carrera de Filosofía a París. Allí encuentra una vida más desenfadada y menos contraída.

Así, comienza a salir y codearse con otras jóvenes y ricas europeas, hijas de familias de grandes empresarios o personalidades políticas.

A Carolina parecía no importarle llamar la atención de los flashes de los paparazzi que trabajaban para los periódicos y revistas más sensacionalistas del momento. Su belleza y sus rutinas diarias hacían más que atractivo el trabajo de los fotógrafos.

Cómo se conocieron Carolina de Mónaco y Philippe Junot


En una de sus escapadas nocturnas a una discoteca de París, Carolina conoce a Philippe Junot. Este personaje no era desconocido, ya que era hijo del presidente de Westinghouse en Francia. Licenciado en leyes por la Sorbona, Philippe había trabajado como agente de bolsa en Nueva York y ejercía, en ese momento, como analista financiero. Pero tenía un problema para los Grimaldi y es que le encantaba la noche, de hecho tenía varios negocios de clubs y discotecas en la capital francesa. Y esos no eran puntos positivos para entrar en una Familia Real.

Carolina de Mónaco y Philippe Junot

Como cabía esperar, cuando las revistas empezaron a captar fotografías de los dos juntos, los rumores comenzaron a circular. Sin duda, para Rainiero y Grace Kelly, Philippe Junot estaba muy lejos de ser el esposo ideal para su hija. Aún así, y a pesar de la oposición parental, los Grimaldi hicieron público el anuncio de la boda; y el 29 de junio de 1978, ante más de 800 invitados, se dieron el ‘sí, quiero’.

La boda ponía el broche final a un romance cargado de controversia y de portadas en todas las cabeceras. Uno de los escándalos más sonados del momento fue cuando unos paparazzi fotografiaron a Carolina en Top Less en el yate de unos amigos junto a su prometido.

Carolina de Mónaco y Philippe Junot

La boda, a pesar de la oposición de los Grimaldi, fue un derroche de glamour y opulencia. A la ceremonia y posterior convite asistieron algunos de los nombres más reconocidos de la alta aristocracia europea y actores y actrices de Hollywood: Ava Gardner, el director Gunter Sachs o los condes de Barcelona, fueron solo algunos de los invitados de más renombre.

La flamante y feliz novia eligió para el día un vestido de Christian Dior. El traje estaba formado por un dos piezas con detalles de flores bordadas, una estética que su hija, Carlota Casiraghi, quiso emular en uno de los vestidos de su boda con Dimitri Rassam.

Tras la ceremonia los recién casados recorrieron algunas de las calles de Mónaco ante más de 5.000 personas que jaleaban y vitoreaban a los enamorados.

Tras una espectacular Luna de Miel que los llevó hasta la Polinesia Francesa, la pareja seguía una vida de ensueño: viajes, fiestas bailes… Y todo captado por los paparazzi, que se hacían eco de sus excesos. 

Pero el tiempo acabó dando la razón a los padres de la novia y, tan solo un par de años después de la boda, las sospechas entorno a la figura de Philippe comenzaron a salir en todas las portadas: demasiadas mujeres a su alrededor, demasiado dinero de origen desconocido… De hecho, las infidelidades se hicieron tan frecuentes y notorias que la propia Carolina le pidió el divorcio para alivio de sus padres.

En ese momento, la prensa atacó a Junot. Todos los titulares se cebaban con su nombre y defendían a Carolina como mujer menospreciada. Años después y, a pesar de que en las múltiples entrevistas concedidas nunca desveló secretos maritales, confesó en más de una ocasión que “yo no era un hombre adecuado para Carolina. Pertenecemos a dos mundos distintos”.

Los años fueron pasando y, aunque a Carolina se le conocieron varias parejas, sus padres respiraron con alivio cuando anunció su enlace con Stéfano Casiraghi en 1983. Stéfano era hijo de una buena familia, de origen italiano, discreto y formal. Sería junto a él cuando nacerían sus tres primeros hijos: Andrea (junio de 1984), Carlota (agosto de 1986) y Pierre (5 de septiembre de 1987). Pero la desdichada vida de Carolina haría que la felicidad familiar no le durara mucho, ya que tan solo 9 años después, en 1990, éste fallecía en un accidente de barco. También en torno a su muerte hay un intenso debate, ya que el accidente tuvo lugar en extrañas circunstancias.

Por su parte, Junot siguió con su vida de soltero haciendo crecer su leyenda de mujeriego. A finales de los 80 se casaba con Nina Wendelboe-Larsen con quien tendría tres hijos.

Carolina también se volvió a casar tras enviudar, esta vez con Ernesto de Hannover, dejando atrás los años de escándalos y juventud, convirtiéndose en pretendiente a princesa consorte de Hannover por matrimonio.

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